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Estigmatizar a las personas con problemas de salud mental, ni en chiste

Las enfermedades y trastornos mentales no se deben utilizar como insulto, afirman psiquiatras.

Redacción Gestarsalud

A pesar de que la sociedad ha entendido gradualmente la relevancia que tienen las enfermedades y trastornos mentales y la carga que generan para los pacientes, los sistemas de salud y los países, la estigmatización es un fenómeno que persiste.

A diario es común ver que se usan estos trastornos como motivo de ofensa o de burla, una práctica que puede afectar seriamente a quienes padecen estas enfermedades e incluso condicionar sus oportunidades de mejora, según expertos consultados por Gestarsalud.

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Es importante decir, de entrada, que los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias, así como el suicidio, representan más el 34 por ciento del total de años vividos con discapacidad en la Región de las Américas, siendo los trastornos depresivos la principal causa de discapacidad, según la Organización Mundial de la Salud.

El psiquiatra Milton Murillo, psicoanalista y docente de la Universidad del Rosario y una de las voces más expertas en Colombia para hablar de estos temas, explica que el uso de estas enfermedades como forma de burla o insulto está relacionado “con la construcción que como sociedad le hemos dado a las enfermedades mentales”.

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Y es que a pesar de los múltiples estudios y evidencia científica acerca del origen y tratamiento de las enfermedades mentales, “aún en nuestra época estas se siguen explicando y justificando a través de la espiritualidad, del concepto de voluntad, de la fe y del concepto de debilidad moral”, indica.

“Desde esa construcción que le ha dado la sociedad a las enfermedades mentales se desencadena que estas se vuelvan una ofensa, y en esto sí compartimos un escenario muy triste con las enfermedades de transmisión sexual, la obesidad y los trastornos metabólicos”, explica el psiquiatra.

Y agrega: “Entonces se vuelve usual ver que una persona le dice bipolar a otra para referirse de mala manera o le dice que tiene Alzhéimer si no recuerda algo o incluso es muy usual ver cómo se busca ofender a alguien a través de recordar sus episodios de depresión o ansiedad”.

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Cosas que no se deberían decir o hacer

En ese sentido, la Asociación Española de Neuropsiquiatría es clara en decir que la discriminación tiene efectos reales sobre los pacientes de trastornos mentales.

“En personas que no han sido todavía identificadas de manera pública, pero saben que pueden tener alguna enfermedad mental la discriminación puede promover distancia social o rechazo hacia los demás, lo que restringe derechos y oportunidades, al funcionar como barrera en el acceso a la vida social plena y a los servicios de ayuda que necesitan”, asegura un artículo publicado por dicha asociación.

También la discriminación puede llevar a conductas de evitación que “producen desagradables y nocivas repercusiones sobre la autoestima y la conducta personal y social”, añaden los psiquiatras españoles.

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Expertos de la Clínica Mayo de Estados Unidos también señalan como efectos nocivos de la estigmatización la resistencia a buscar ayuda o tratamiento; falta de comprensión por parte de familiares, amigos, compañeros de trabajo u otras personas; menos oportunidades laborales y sociales; y hostigamiento, violencia física o acoso.

El psiquiatra Murillo coincide en que el uso de las enfermedades mentales como burla o insulto también hace más pesada la carga emocional para los pacientes diagnosticados.

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“Si yo descalifico a alguien utilizando la palabra ‘alzhéimer’ o ‘depresión’ puede que esa persona no tenga esos males o los haya superado, pero la gente afuera que está escuchando y tiene a su papá o a su abuelito con alzhéimer o que está diagnosticado con depresión va a sentir que lo que le está pasando está mal”, advierte Murillo.

¿Qué hacer?

Murillo es claro en que solucionar esto de raíz no es fácil porque hace parte del lenguaje y de la cotidianidad de los seres humanos, sin embargo, manifiesta que sí es muy importante tener en cuenta que lo realmente grave es utilizar el nombre del diagnóstico o de la enfermedad o del síntoma y trivializarlo de esa manera.

“Yo creo que, así como no lo hacemos con otras cosas desde la descalificación, deberíamos intentarlo con la salud mental, no es un asunto fácil, pero por lo menos tener claro que esto no es un insulto ya empieza a hacer el cambio”, finaliza.

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