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Informe especial: salud mental en Colombia, al borde del abismo

Por 10 septiembre 2021 septiembre 13th, 2021 Sin comentarios

La pandemia detonó una crisis mental y emocional de muchos colombianos. Las consultas cayeron y hubo siete suicidios cada día.

Redacción Gestarsalud

El covid-19, que se coló en tantos pulmones como pudo en Colombia, también sirvió de detonante de una emergencia que ya estaba a punto de estallar: la de la salud mental. Y no solo por sus efectos inmediatos en términos de factores de riesgo como el encierro, el miedo y las pérdidas, sino porque dificultó que muchos colombianos encontraran ayuda para atender sus padecimientos.

Esta pandemia concomitante puede tener un alcance similar a lo que mostró el covid-19 y aunque su impacto en la mortalidad todavía está por verse, lo cierto es que hoy cientos de miles de colombianos deben convivir con trastornos mentales que empeoran su calidad de vida, que hacen de cada jornada un reto por superar.

En días como este viernes 10 de septiembre, cuando se conmemora el día internacional para la prevención del suicidio, se evidencian los estragos de la crisis de salud mental. Entre el 1 de enero del 2020 y el 30 de junio del 2021 al menos 3.672 personas cometieron suicidio en el país. Algo así como siete personas cada día en ese periodo de tiempo y con la pandemia de fondo.

En concreto, fueron 2.714 personas en el 2020 y 958 en el primer semestre del 2021, según los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), quienes murieron por esta causa en Colombia.

Y aunque el global del año pasado, que coincidió con el comienzo de la pandemia, representa un cambio en la tendencia ascendente que comenzó en el 2013, tras caer en cerca del 7 por ciento frente a las cifras del 2019 (2.927), esta mortalidad se mantuvo cercana a las 3.000 víctimas anuales y en lo corrido de este año el panorama no es alentador.

En el primer trimestre del 2020, por ejemplo, se registraron 664 fallecimientos por suicidio en Colombia y en el mismo periodo de tiempo en el 2021 fueron 708, es decir, casi ocho víctimas diarias.

"En la pandemia se presentó mucho indicio al suicidio, entre otras, debido al encierro, a la falta de actividad y a enfrentar algo desconocido. Las personas están acostumbradas a tener libertad, a tomar sus decisiones y a tener libre albedrío y al sentirse encerradas y prisioneras se afecta la parte afectiva y las frustraciones se alteran y empiezan a reaccionar con baja tolerancia a la frustración”, expone la psicóloga clínica Sandra Herrera.

“Medidas como el distanciamiento físico, las cuarentenas obligatorias, el cierre de instituciones educativas y los cambios en las tareas del hogar son factores que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) también pueden llegar a afectar la salud mental provocando así aumentos en los números de casos de ansiedad, depresión y pánico”, afirma la nota estadística sobre salud mental en Colombia y los efectos de la pandemia, hecha por el Dane.

En el documento la autoridad estadística presenta conclusiones que revelan cómo la preocupación se incrementó en coincidencia de los picos de la pandemia y el estado de ánimo empeoró. Son las personas de 10 a 24 y de 25 a 54 años las que manifestaron sentimientos de preocupación o nerviosismo, “cansancio”, “soledad”, “tristeza”, “dolores de cabeza o estomacales” y “dificultad para dormir” en mayor proporción.

Sin embargo, las mujeres fueron quienes se mostraron más afectadas a causa del covid-19, al punto que en junio pasado el 28,5 por ciento reportó haberse sentido sola, estresada, preocupada o deprimida, frente al 23,2 por ciento registrado por los hombres.

El Dane es claro en señalar que la crisis económica desbordada por efecto de la pandemia afectó seriamente la estabilidad emocional de las personas y fue más agresiva con las mujeres, pues una de cada cuatro se declaró sobrecargada por las labores domésticas y laborales.

En los datos suministrados por el Dane, la mayoría de las víctimas mortales de este flagelo son hombres (en una proporción de cuatro a uno frente a las mujeres) en el rango de edad de 19 a 40 años.

Una enorme carga

Si la vida en ocasiones se traduce en tratar de equilibrar las cargas del día a día, la pandemia, sus condicionantes y su enorme peso emocional llegaron para desequilibrar nuestras vidas y para romper la balanza, sentencia Gerald, un joven que intenta explicar con sensatez lo que ocurrió consigo mismo en los últimos meses.

El encierro, la disminución de trabajo, la enfermedad de mi papá y luego su muerte llevaron a que en junio del año pasado estuviera al borde de considerar suicidarme. Tengo un hijo y esa fue una de las razones para ser tan impulsivo. Lo que hice fue salir a buscar ayuda y con la psicoterapia tras cinco meses todo mejoró y se controlaron los episodios depresivos. Por eso es tan importante consultar. Las EPS tienen la obligación de garantizar ese servicio”, relata el fotógrafo a Gestarsalud

La ideación suicida suele desencadenarse luego de episodios depresivos y es el paso previo al intento de suicidio. Estos episodios no terminan de cuantificarse, pero se sabe que al menos una de cada tres personas que tienen un pensamiento de muerte puede llegar a acometerlo. Y quienes sobreviven tienen alto riesgo de reincidir.

El psiquiatra Milton Murillo explica que en casi la totalidad de suicidios consumados el paciente había manifestado a una o varias personas su deseo de morir. “Pueden ser ideas pasivas de muerte (hablar de su propia muerte sin plan suicida), ideas con plan estructurado o búsqueda sobre suicidio o inquietudes al respecto que no sean explicadas por una curiosidad entendible”, aterriza. 

En ese sentido, expone que las enfermedades mentales responden por una alta carga en la mortalidad por suicidio. “La depresión es uno de los factores de riesgo más importantes para conducta suicida. Por esta razón, las personas diagnosticadas con esta patología deben tener un seguimiento estrecho buscando siempre la aparición de ideación suicida, en especial en recaídas”, manifiesta.

Caída en las consultas

La otra cara de esta moneda es la de la búsqueda de ayuda profesional que, a pesar de ser la intervención más efectiva para tratar los problemas de salud mental, es la última de las opciones a la que acuden los colombianos para sentirse mejor. Según la encuesta Pulso Social del Dane, solo el 1 por ciento de las personas consultó a un psicólogo o un terapeuta para en momentos difíciles. Lo que más hicieron (56,3 por ciento) fue hablar con amigos o familiares y enfocarse en otras tareas (37,4 por ciento). Sorprende que 25,4 por ciento, es decir uno de cada cuatro, no hizo nada para tratar su condición.

El dato preocupa porque a juicio de Elisa Torrenegra, directora ejecutiva de Gestarsalud, la consulta a tiempo es la mejor alternativa para atender las complicaciones emocionales y mentales. “Los problemas psicológicos y psiquiátricos se han exacerbado durante la pandemia. Por favor consultemos y busquemos ayuda de los profesionales. Las EPS deben garantizar el acceso a tratamientos para atender estos problemas”, manifiesta.

Sin embargo, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud logrados por Gestarsalud, luego de varios años de ascenso sostenido las consultas en salud mental cayeron durante la pandemia, tal como sucedió con todos los otros padecimientos producto de los confinamientos y el miedo al virus.

En el 2020, se prestaron 1’300.460 consultas por salud mental en Colombia, 20 por ciento menos que las 1’644.150 realizadas en el 2019, cuando se alcanzó el máximo histórico. Y más preocupante aun es que en el primer semestre del 2021 las consultas fueron 483.792, lo que hace pensar que en el acumulado del año la cifra vuelva a caer.

Ana María Urueña Serrano, enfermera con maestría en salud pública, afirma que es clave, por un lado, no menospreciar lo que los pensamientos les hagan sentir y, por el otro, consultar ante las señales de alarma. “Aunque diariamente nos enfrentamos a situaciones difíciles, es clave diferenciar esos escenarios de las señales de alarma para nuestra salud mental, como los cambios en las rutinas, dificultad para dormir, aumento de sustancias como las drogas y el alcohol, incapacidad de afrontar problemas y pensamientos de suicidio. Pedir ayuda es lo que nos salva y ante estas señales de alarma solo hay un camino: consultar”, concluye.

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